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Arrugas de expresión

El “milagro” de la Toxina Botulínica.
¿Cómo atenuar las líneas de expresión?


Belleza Masculina
En una sola sesión, sin dolor, preparación previa ni anestesia, la toxina botulínica puede transformar un rostro avejentado en otro más joven, radiante y despejado. Y sin perder personalidad. Aquí te contamos cómo.
La toxina botulínica (comúnmente conocida como Botox) es un producto importado que los profesionales inyectamos a los pacientes -por lo general en el tercio superior de la cara- con el fin de eliminar las líneas de expresión que puedan tener en la frente, alrededor de los ojos (patas de gallo), entrecejo, y alrededor de la nariz.
El Botox es una sustancia purificada que deriva de la toxina botulínica, producida por una bacteria llamada Clostridium Botulinum. Comenzó a usarse con fines medicinales en neurología (para tratar la espasticidad por ejemplo) y desde 1989 se utiliza también para lograr beneficios estéticos y no invasivos. En estos momentos, este uso es considerado un verdadero “boom”. Dado el tiempo que ha pasado desde que se lo emplea en estética, y a innumerables estudios completos y a largo plazo, sus resultados se han optimizado con las nuevas técnicas de aplicación y el tratamiento ha sido definido como sumamente seguro y confiable.

Cómo “borra” las líneas de expresión

Contra lo que mayoría de las personas supone, esta toxina no “estira” los músculos, sino todo lo contrario: relaja los músculos en forma casi absoluta. El mecanismo mediante el cual lo logra no es difícil de comprender: bloquea una sustancia química llamada acetilcolina (que está almacenada al final de los ciertos nervios y es la encargada de “dar la orden” para que un músculo se mueva).
Justamente, su efectividad radica en que al relajar los músculos de la cara disminuye los movimientos habituales del rostro que son los responsables de la aparición de arrugas y líneas de expresión a medida que pasan los años.

La naturalidad, ante todo

Actualmente, cuando aplicamos toxina botulínica es fundamental mantener la naturalidad de la expresión facial evitando las expresiones congeladas o estiradas. (Lo que no ocurría en las primeras aplicaciones estéticas de botox en los años 90, cuando la frente se dejaba sin ninguna arruga, pero lisa y paralizada.)
Hoy la técnica de aplicación se ha modernizado. Teniendo en cuenta la evolución del modelo estético que buscamos, se ha perfeccionado un modo de aplicar toxina botulínica que busca precisamente, mantener la naturalidad de la expresión.
Por eso es que hoy la aplicación varía según el paciente, su tipo de piel (fina o gruesa), su edad, la fuerza muscular (varones o mujeres) y la forma en que utiliza la expresión. Para lograr la naturalidad también es muy importante detectar con precisión los distintos puntos de aplicación y adaptar la dosis a cada paciente (que serán menores en personas con bolsas de grasa alrededor de los ojos y con flaccidez facial).
Con toda esta “batería” de procedimientos y cuidados, hoy podemos garantizar los mejores resultados.

Aplicación sin dolor

El tratamiento consiste en la aplicación de micro inyecciones en la zona a tratar, en forma muy sencilla, utilizando una jeringa como las de insulina, con una aguja ultradelgada. En el entrecejo las inyecciones se aplican en forma intramuscular, mientras que en los otros sitios se lo hace en forma subcutánea ya que es igual de efectiva y se evitan eventuales hematomas.
La sesión sólo toma unos pocos minutos y el paciente se retira del consultorio sin marcas ni vendas y puede retomar su vida cotidiana inmediatamente, así como maquillarse si la piel se encuentra inflamada.
Como es bien tolerable, otra de sus ventajas es que no requiere de sedación ni anestesia local.
La acción de la toxina botulínica dura en general aproximadamente cuatro o cinco meses, aunque en algunos casos puede prolongarse. Los resultados comienzan a verse a los dos o tres días y se hacen bien evidentes a los quince días de la aplicación, siendo realmente notables. El más importante es el llamativo incremento de la lozanía del rostro que va a lucir descansado y rejuvenecido. Se estima que en una persona de 45 años, el tratamiento puede “restar”, según cada caso, entre cuatro y diez años.
Entre sus virtudes también se cuenta que tras repetidas inyecciones, el músculo se va debilitando y cada vez suelen ser necesarias menos dosis ya que el resultado es más duradero. Y además, el rostro “se acostumbra” a no efectuar ciertos movimientos.

Sin riesgos

Para los temerosos, cabe aclarar que no existe riesgo de resultar infectado de botulismo, ya que el producto se diluye en una solución salina antes de aplicarlo.
Además, las dosis que se administran son siempre muy bajas (ver recuadro) que nuestro organismo es capaz de reabsorber.
Y por último, es un producto estable, que no requiere pruebas de alergia, ya que no provoca rechazo.

Curiosidades

  • El botulismo fue descripto durante “brotes” relacionados con el consumo de embutidos hace varios siglos. La bacteria causante fue llamada Bacilus Botulinus, tomado de la palabra latina botulus, que significa “embutido”.
  • En los Estados Unidos se realizan hoy más de 3 millones de aplicaciones de Toxina Botulínica por año.
  • Los estadounidenses gastan más de 300 millones de dólares al año en la inyección de la toxina botulínica.
  • La mayoría de los usuarios de Toxina Botulínica son mujeres (88 por ciento) y la mayoría tiene de 35 a 50 años (59 por ciento).
  • Para que la toxina sea tóxica se deben aplicar cantidades superiores a 4mil o 5mil unidades: para un tratamiento estético se utilizan desde 10 hasta 100 unidades.


Complicaciones y contraindicaciones

La toxina botulínica no debe ser utilizado en mujeres embarazadas, en período de lactancia, si se tienen enfermedades neurológicas o se están ingiriendo algunos antibióticos u ciertos medicamentos que deben ser consultados al especialista. Antes del tratamiento se debe suspender la ingesta de aspirina, gingko biloba, antiinflamatorios y vitamina E, para evitar riesgo de hematomas.
Los efectos colaterales son infrecuentes, pero puede haber cierta inicial dificultad para gesticular (como cuando vamos al dentista y nos aplican anestesia), dolor de cabeza y eventualmente inflamación o hematomas. En ese último caso, hay que evitar la exposición al sol.
La única indicación posterior al tratamiento es que el paciente no se acueste y no masajee la zona inyectada hasta después dos horas de aplicado el tratamiento (anteriormente dicho lapso era de 4 horas pero se ha comprobado que no es necesario tanto tiempo) para que el producto no se desplace a otra zona del rostro.

Profesionales de primera línea

Por último, si bien las complicaciones son muy raras, en general ocurren cuando las aplicaciones son realizadas por personal no preparado, lo que puede producir desde una inexpresividad exagerada y prolongada del rostro, hasta la parálisis de un músculo y crear una deformidad temporal.
Por eso es fundamental ponerse en las manos de profesionales idóneos y matriculados antes de realizar este tratamiento. Y que puedan brindar todas las garantías de asepsia y contar recursos disponibles para actuar ante cualquier eventualidad. Por ejemplo, el tan mentado “fenómeno” de las “botox parties” es una práctica que debe evitarse, ya que es sumamente riesgoso.
La clave del éxito del tratamiento radica en la individualización de la técnica y la dosis óptima para cada paciente. Previo a la aplicación se analizan las facciones, ya que cada rostro es único. Esta tarea es la que permite obtener las expresiones y los resultados buscados por cada paciente.


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